El caso Coll
Una indagación sobre el ilustrador Alex Coll y su familia, a caballo entre las ediciones de lujo y la literatura popular.
Al intentar identificar a los ilustradores de las sobrecubiertas de Libros Reno me encontré con dieciséis firmas diferentes a lo largo de los veinticinco años que duró la colección. Aparte de los siete que formaban el “núcleo duro” que ya mencioné en el artículo sobre Álvaro, hay algunos nombres que aparecen circunstancialmente (Samper, Espinosa, Miralles, Fernando Fernández, Domingo Álvarez y Serrabona) y otros tres cuya presencia se reduce a los primeros años de la colección, entre 1959 y 1962. Es el caso de Chacopino, Esquema y Coll, un autor este último del que nos ocuparemos en esta ocasión para repasar su carrera e intentar aclarar algunas dudas (y presentar otras) sobre firmas y atribuciones. Hasta el momento se asumía que el Alex Coll ilustrador de la Biblioteca Oro de Molino y la revista Fantástica de Clíper era el mismo que se encargó de las cubiertas de la Enciclopedia Pulga, pero al terminar de leer este artículo puede que ya no pensemos lo mismo.
Vamos primero con lo que sabemos del grabador, pintor e ilustrador Alexandre Coll Blanch (también Àlex o Alejo, según la ocasión). Parto del post sobre el artista publicado en el blog de Carles Figols, Pintors i dibuixants catalans, que lleva años realizando un trabajo estupendo de divulgación. Alex Coll nació en Barcelona el 2 de agosto de 1898 y estudió técnicas artísticas con Lluis Labarta i Grané (1852-1924) en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, completando su formación al lado de Vincent Climent Navarro (1872-1923). La entrada que Jesús Cuadrado le dedicó en su enciclopedia1 recoge que la primera referencia que aparece de su obra es de 1921, ilustrando relatos de la recién estrenada revista Lecturas. No he podido confirmar este dato, ya que en el estudio que Irune Labajo le dedicó a la revista2, en el que vació e indexó tanto la nómina de escritores como la de ilustradores, no aparece por ninguna parte el nombre de Coll. Sí aparece, a partir de 1924, su firma en algunos anuncios en la revista El Constructor (donde también se pueden encontrar trabajos publicitarios firmados por Boquet) e ilustrando relatos en Bella Terra, una de las revistas en catalán mejor presentadas en aquella mitad de los años veinte.
Entre los años 1924 y 1936 encontramos varias referencias en la prensa sobre su participación en exposiciones colectivas, algunas de ellas formando parte de un grupo autodenominado Conreadors de les Arts (Cultivadores de las Artes). El Museo Nacional de Arte de Cataluña alberga tres óleos suyos de esta época de preguerra: Paisatge urbà (1920), El pas a nivell (1933) y La dàrsena (1935), adquiridos tras ser seleccionados y expuestos en sucesivas ediciones de la «Exposició de Primavera» de Barcelona. Desde el año 2019, La dàrsena se encuentra cedido al Parlament de Catalunya3. Aparte de estas muestras colectivas, hay referencias de al menos una exposición individual en la galería Syra de Barcelona en 19334. Finalizada la guerra, su nombre vuelve a aparecer en una exposición individual en la Galería Fayáns Catalán en mayo de 1941.
Se casó con con Irene Astort de Benat en 1926, y tuvieron dos hijos: Irene, nacida al año siguiente, a la que seguiría Jordi. No hay duda de que el ambiente artístico inundaba la casa familiar y los hijos se formaron en el dibujo y el grabado de la mano de su padre. Llegado el momento, ambos acabarían ejerciendo como ilustradores profesionales, como veremos más adelante. A partir de los años cuarenta, Coll desplegó con especial intensidad su faceta como grabador e ilustrador de libros. Destacan en su producción tres volúmenes de la obra de Mossèn Cinto Verdaguer, ediciones de bibliófilo con litografías coloreadas publicadas por Casiopea, filial de Montaner i Simón: Què diuen els ocells? (1945), Flores de Maria (1947) y Corpus Christi (1950). El cuidado del detalle y el naturalismo de sus dibujos le valieron por esos años cierto reconocimiento como especialista en el dibujo de animales, algo que la prensa de la época recogió en más de una ocasión y que tendría consecuencias directas en sus encargos posteriores.

La relación de Coll con Montaner i Simón parece haber sido estrecha y duradera. Era amigo personal de Ramón Capmany i Montaner (1899-1992) —pintor, grabador y director artístico de la editorial—, quién había instalado su taller calcográfico en la sede de la editorial tras la guerra civil5. De esa misma época son otras ilustraciones de libros para la casa: El Estrella de los mares, Boda tardía y El libro del té. También los nombres de padre e hija aparecen acreditados entre los ilustradores de la Enciclopedia UTEHA para la Juventud, una obra en diez tomos que Montaner i Simón publicó en 1953.

Sobre su trabajo como grabadores, hemos podido rastrear estampas religiosas, postales navideñas y exlibris para coleccionistas nacionales e internacionales, tanto de Alex como de su hija. Víctor González Coll, hijo de Irene, nos cuenta: “En su casa tenía, ocupando medio salón, una enorme imprenta donde tanto él como mi madre imprimían los grabados. Por volumen y peso no pudimos conservarla pero era una joya con una bonita mesa adjunta donde trabajaba.” Los encargos de exlibris merecen una mención aparte, y quizá sea necesario poner un poco de contexto. El exlibrismo cuenta con una larga tradición en Cataluña y con un surtido número tanto de grabadores como de coleccionistas. Como objeto cultural, el exlibris reúne varias características de interés: Para los grabadores es un espacio reducido donde demostrar su virtuosismo técnico y conceptual; para el cliente, la ocasión de explorar y compartir su marca personal, ya que se supone que es un reflejo de sus gustos, intereses o rasgos de personalidad; para el coleccionista, una posibilidad de encargar, adquirir e intercambiar piezas de autor en un amplio rango de estilos, técnicas y motivos. Tuvo su primer gran momento en torno a la primera década del siglo pasado, cuando las revistas modernistas empezaron a hacerse eco del delicado trabajo ornamental de los grabadores y nacieron las primeras asociaciones y publicaciones especializadas. Una referencia directa para hacernos una idea de lo que fue este fenómeno es la Revista Ibérica de Exlibris (1903-1906). Sus 15 números pueden consultarse en la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional. El movimiento resurgió en los años cincuenta, a partir de la creación en 1951 de la Asociación de Exlibristas de Barcelona (AEB), una entidad que durante veinte años se dedicó a promover el arte del pequeño grabado personalizado. Entre sus actividades se cuenta la publicación de su circular -de manera ininterrumpida hasta 1970-, exposiciones, conferencias, la creación del premio Sedó Peris-Mencheta y la organización de un destacado evento en 1958, el VI Congreso Europeo de Exlibris.

Las primeras referencias a Irene Coll las encontramos aquí, como una grabadora totalmente integrada en el colectivo que realiza encargos para coleccionistas nacionales e internacionales y resulta ganadora del premio anual en 1953. Su firma, acreditada como Irene C. Astort, aparece también como ilustradora única de una edición de bibliófilo de Los intereses creados (Montaner i Simón, 1951), publicada en la colección Hora Luen, que dirigía Capmany.

Coll y la literatura popular
Hemos dejado sin tratar hasta el momento el trabajo de Alex Coll en el campo de la literatura popular, aunque cronológicamente se solapen con los encargos que ya hemos citado. Aunque resulte evidente que a efectos formales se encuentran en el lado opuesto a las ediciones de bibliófilo, nada demuestra mejor el oficio y la versatilidad de Coll que su presencia en ambos campos, y en dos de las editoriales más destacadas del género en esos años, como fueron Molino y Clíper. Para la editorial Molino está documentada su participación en los años cuarenta en las algunas de sus colecciones señeras, como la longeva Biblioteca Oro (1933-1956). Del exhaustivo monográfico sobre esta colección escrito por Fernando Eguidazu y Antonio González Lezárraga6 podemos extraer que su primera colaboración en esta serie fueron las ilustraciones interiores de la aventura en tierras exóticas El diablo de las profundidades, publicada en abril de 1936. Ya pasada la guerra y el periplo argentino de editorial Molino, entre 1944 y 1951 participó en nueve números más, realizando en todos ellos cubierta e interiores, salvo en El hijo de la «Tundra», donde solo se encargó de los interiores.
Quizás fue su demostrada destreza en el dibujo de animales la que le hizo el ilustrador idóneo para hacerse cargo de algunas de las publicaciones de Molino dirigidas al público infantil y juvenil. El catálogo de la editorial en este ámbito es muy extenso y siempre buscó innovar produciendo juguetes troquelados, abecedarios, cuentos musicales… La firma de Alex Coll aparece en muchos de ellos, así como en las colecciones Historia y Leyenda, Mis Primeros Cuentos y varias novelas de aventuras de Karl May, Salgari o Verne. También es autor de las cubiertas e ilustraciones interiores de la serie “Breves biografías íntimas…”, con multitud de retratos de pintores, compositores, novelistas y filósofos. En muchas de estas publicaciones la firma aparece reducida al monograma AC, aunque no hay duda de que la autoría sigue siendo suya.
Para Clíper, el sello con el que Germán Plaza comenzó a editar tebeos y literatura popular en el año 1942, Alex Coll se dedicó a a ilustrar interiores, junto a Vicente Roso, Tomás Porto y otros habituales de la época. Vemos su nombre, por ejemplo, en varios números de las series Novelas del Norte y Novelas del Oeste. En el nº 9 de esta última es donde, antes de tener su propia colección y convertirse en todo un fenómeno editorial en nuestro país, tuvo su primera aparición el personaje de El Coyote, creado por José Mallorquí en 1944. Como recogen Alejandro Capelo7 y otros investigadores, se considera que los dibujos de Coll que ilustraron esa historia constituyen la primera representación gráfica del personaje.

Otro trabajo suyo para Clíper en el que merece la pena detenerse, es el de la revista Fantástica (1944-45). En su último libro, el imprescindible Viñetas Infernales. 100 años de cómic de terror8, mi admirado Pedro Porcel resume así el formato que la revista Fantástica ofreció a los lectores los dos años que aguantó en el mercado:
Por su aspecto externo es la más parecida a las norteamericanas: cuentos ilustrados, a menudo en dobles páginas, por artistas de gran calidad; ausencia de novelas largas, material confeccionado ex profeso para la colección; portadas de inspiración fotográfica impresas a todo color. (...) Los dibujantes de los interiores dan lo mejor de si, ofreciendo las más valiosas ilustraciones fantásticas de su época: Alex Coll, Francisco Darnís o Jaime Juez realizan en este sentido una labor modélica que nada tiene que envidiar a la de sus homólogos norteamericanos, evocando los ambientes turbios y macabros que las narraciones exigen; de forma parecida cabe hablar del diseño, dinámico y funcional, integrando dibujos y texto en inusual armonía.
Los portadistas de la Enciclopedia Pulga
A mediados de 1954, según podemos deducir por los anuncios en prensa, (no de 1952 o 1953, como aparece datado en ocasiones) aparecieron en los quioscos los primeros números de la Enciclopedia Pulga, que rápidamente se convirtió en uno de los mayores éxitos comerciales de Germán Plaza. Una colección de 500 libros de tamaño reducido (105x75 mm) y títulos heterogéneos cuyo estudio se ha abordado habitualmente desde su contenido. Por citar un par de artículos académicos, Francesc Reus i Boyd-Swan es el autor de un texto que recopila títulos, autores y géneros9, y el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural publicó otro sobre su contribución a la divulgación de las ciencias naturales10.

La librería Libros Fugitivos recopiló hace unos años todas las cubiertas de la colección en una serie de carteles que han tenido a bien permitirnos reproducir aquí. Yo he hecho lo propio identificando a sus ilustradores, con el resultado que vemos a continuación: 327 de las 500, casi dos tercios de la colección, aparecen acreditadas a Coll, 80 de las cuales cuentan con ilustraciones interiores de Chaco; y 169, casi el otro tercio restante, con cubiertas de Chaco. De manera anecdótica otras dos aparecen atribuídas a Vallvé y una acreditada como Fotomontaje Armán. Y aquí aparece la sorpresa. Según me confirmó Victor González Coll al intentar aclarar atribuciones y trayectorias de su familia, la Enciclopedia Pulga de Ediciones G.P. fue ilustrada en su mayoría por su madre, Irene Coll, con la ayuda de su tío Jordi, usando como estudio las instalaciones de Montaner i Simón. En los créditos de los libros solo consta “Portada de Coll”, una fórmula que mantiene en el aire la duda, aunque yo, personalmente, me incline por dar crédito a su afirmación, vista la calidad de su dibujo en obras anteriores que sí están firmadas. Si pincháis en el botón de abajo podéis acceder a una versión interactiva de la tabla de ilustradores, con la galería completa de cubiertas de la Enciclopedia Pulga. La calidad de las miniaturas no es muy buena (están extraídas de los carteles de Libros Fugitivos), pero sirven como referencia. En los botones al pie de la web podéis filtrar las cubiertas por ilustrador (o ilustradora).
Según Víctor G. Coll, de los dos hijos de Alex, Irene fue la que con más intensidad se dedicó al grabado y la ilustración, labor que mantuvo hasta el nacimiento de su primera hija Sandra en 1959. Del trabajo de Jordi tenemos menos referencias que de Irene, pero alguna hay. Al menos en tres novelas de Emilio Salgari editadas por Molino en 1955 aparece el crédito “Ilustraciones de Jorge Coll“. Se trata de Aventuras entre los pieles rojas, Al Polo Austral y La soberana del campo de oro. También aparece su nombre como autor de los interiores de la novela El corazón de Paul (Ed. Molino, 1956), dentro de la colección Selecciones de Biblioteca Oro. Volviendo a Ediciones G.P., tenemos otra firma por resolver. En las cubiertas de la colección Quién fué, serie de biografías que mantienen el formato de los Libros Plaza, aparecen la firma J. Coll, pero Víctor no pudo confirmarme que se tratase de su tío Jordi. Mantenemos la duda.
La colección Pulga Gigante, con 190 números y que adaptaba clásicos al formato miniatura, también aparece acreditada casi en su totalidad a Coll, sin más datos. Lo mismo pasa con la colección El Búho, editada en 1958 esta vez bajo el sello Gerpla (aunque venía a ser lo mismo: G.P., Clíper, Cisne… todo era Germán Plaza). El Búho estaba dedicada a la novela policiaca, con cubiertas que en su mayoría eran versiones dibujadas (de colores bastante saturados) de imágenes de actores y actrices del género sacadas de fondos fotográficos y que pocas veces tenían que ver con la novela en cuestión.
En 1959 Irene Coll dejó la ilustración y Ediciones G.P. lanzó su colección Libros Reno. Podemos suponer entonces que las sobrecubiertas firmadas por Coll fueron realizadas por su padre. Como decíamos al principio, Alex Coll estuvo poco tiempo en Reno. La colección buscó otros referentes estilísticos, pero él siguió trabajando. Hay dos publicaciones interesantes en los años sesenta para cerrar este repaso. Uno es la reedición en 1961 de Solitud, el clásico de Victor Català/Caterina Albert. En 1967 se publicaría una traducción al esperanto con nueva cubierta, de la que se conserva el boceto original. En la serie El maravilloso país de Surán (Editorial Cantábrica, 1962-66), recuperamos al Alex Coll ilustrador de cuentos y animales en cuatro volúmenes que, hasta nuevo aviso, cierran su amplísima producción a lo largo de más de cuarenta años.

Me hubiera gustado titular este artículo como Irene Coll, ilustradora de la Enciclopedia Pulga. Tenía treinta y dos años cuando dejó la profesión y una trayectoria como grabadora e ilustradora editorial, autora principal en una de las colecciones más difundidas de los años cincuenta. Creo que tanto ella como su padre merecen esta revisión y que se continúe investigando. Alex Coll falleció en 1975 y sus hijos Irene y Jordi en 2006 y 2007 respectivamente. El caso sigue abierto.
Cuadrado, Jesús: Atlas español de la cultura popular. De la Historieta y su uso, 1873-2000. Ediciones Sinsentido y Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Madrid, 2000
Labajo González, Irune: Lecturas, una revista popular de literatura. Trayectoria y contenidos (1921-1936). Universidad Complutense de Madrid, 2002
La Vanguardia, 15-9-2019, p.26
La Vanguardia, 2-11-1933, p.18
Una referencia indispensable sobre la editorial y su época es la tesis de Laura Bellver Poissenot: La editorial Montaner y Simón (1868-1981). El esplendor del libro industrial ilustrado (1868-1922). Universitat de Barcelona, 2017
Eguidazu Palacios, Fernando; González Lejárraga, Antonio: Biblioteca Oro: Editorial Molino y la literatura popular 1933-1956. CSIC, 2015
El Coyote (I). Algo más que un heredero de El Zorro (3 -7-2008)
https://lamemoriafrivola.blogspot.com/2018/08/el-coyote-i-algo-mas-que-un-heredero-de.html
Porcel, Pedro: Viñetas infernales: Cien años de cómic de terror. Desfiladero Ediciones, 2023
Reus i Boyd-Swan, Francesc: “Enciclopedia Pulga” en VI Pasiones Bibliográficas. Societat Bibliogràfica Valenciana Jerònima Galés, 2022, p. 159-189
Barroso-Barcenilla, Fernando, Audije-Gil, Julia y Díaz-Acha, Yael. “La “Enciclopedia Pulga” (1953-1958): Su contribución al conocimiento de las Ciencias Naturales” en Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Tomo 113 (2019), p. 177-187
































